

El informe presentado por CERES en marzo de 2025 revela una realidad desafiante, pero también abre un abanico de oportunidades para el turismo en Uruguay.
En él se exponen datos que revelan un sector que, pese a su relevancia en la economía nacional, parece relegado en las prioridades del Estado. Un sector que genera empleo, promueve la descentralización y es clave para el desarrollo regional, pero que sigue atrapado en una estructura de inversión insuficiente y falta de visión estratégica.
Los números no mienten. El turismo representa el 5,5% del PBI, emplea a más de 104.000 cotizantes, aporta USD 1.300 millones en salarios y deja al fisco una recaudación superior a USD 900 millones en impuestos. Y, sin embargo, el presupuesto ejecutado por el Ministerio de Turismo (MINTUR) es de apenas 0,08% del total nacional, el más bajo en más de una década.
¿Cómo se explica esta desconexión? La respuesta parece estar en la percepción de que el turismo «funciona solo», como si su crecimiento dependiera exclusivamente de la suerte o del buen desempeño de Argentina y Brasil. Pero esperar que el vecino impulse nuestra industria turística es una estrategia débil y cortoplacista.
Otro de los puntos críticos del informe es la pérdida de rentabilidad del sector. Desde 2019, los costos salariales han subido un 9%, mientras que los ingresos han caído 28 puntos por debajo del promedio histórico. Esto significa que cada vez es más caro operar en el sector, pero los ingresos no acompañan ese aumento. En otras palabras, el negocio turístico en Uruguay se hace cada vez menos rentable, lo que pone en riesgo la inversión y la sostenibilidad de muchos emprendimientos.
A esto se suma el escaso acceso al crédito: solo el 2% del financiamiento bancario se destina a turismo, pese a que representa el 5,5% del PBI. Esto evidencia una barrera estructural para la expansión del sector.
Si comparamos a Uruguay con otros países, el panorama es aún más preocupante. Según el Travel & Tourism Development Index 2024 del Foro Económico Mundial, Uruguay ocupa el puesto 103 de 119 en políticas de fomento al turismo. En promoción y apertura, estamos por debajo de países donde el turismo tiene un peso similar en la economía. En términos de conectividad aérea y capacidad hotelera, la situación tampoco es alentadora.
Este posicionamiento no es casual. Es el reflejo de años de baja inversión en promoción, infraestructura y políticas de incentivo al sector. Uruguay necesita abrirse más al mundo, mejorar la conectividad aérea, desarrollar incentivos fiscales y, sobre todo, reconocer al turismo como un motor estratégico de desarrollo.
El informe de CERES no solo presenta el diagnóstico, sino que también propone soluciones concretas. Entre las principales recomendaciones se encuentran:
El turismo no es solo una actividad económica: es un factor de integración territorial, una fuente de empleo clave para jóvenes y trabajadores con menor formación, y una herramienta de desarrollo sostenible. Sin embargo, mientras siga siendo tratado como un sector secundario, su potencial continuará sin explotar.
Es momento de que el turismo deje de ser «el hermano menor» de la economía y se convierta en una prioridad real en la agenda pública y privada. Invertir en turismo no es un gasto, es una apuesta por el crecimiento.
Uruguay ya ha demostrado con otros sectores —como el forestal o el de las TIC— que, con visión y políticas adecuadas, puede convertirse en un referente global. El turismo merece la misma oportunidad.
Informe de Jacobo Malowany


