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Turismo, identidad y futuro: Canelones ante un nuevo ciclo de liderazgo local

El turismo no es solo una oportunidad económica: es una herramienta para construir comunidad, identidad y futuro. Canelones debe integrar esta visión en cada uno de sus 32 municipios, con liderazgo, planificación y compromiso social.

En el marco de las elecciones municipales y de alcaldes que se celebran este 2025 en Canelones, donde se renovarán autoridades en sus 32 municipios, repensar el turismo como eje articulador del desarrollo territorial cobra especial relevancia. Los nuevos liderazgos locales que surjan de este proceso deberán asumir el compromiso de integrar el turismo en sus planes de gobierno, no como una actividad aislada, sino como una política pública capaz de generar identidad, empleo, inclusión y calidad de vida.

El marketing de ciudades, tal como lo propuse en 2007 con el modelo URBEMARKETING, es una herramienta estratégica para construir pertenencia, proyectar identidad y posicionar territorialmente a una ciudad o región mediante una narrativa coherente, inclusiva y sostenible. No se trata solo de promoción turística, sino de planificación con visión de largo plazo. En mi definición, el marketing de ciudades es el arte de generar la adrenalina cívica: ese impulso colectivo que activa el orgullo local, la inversión, las visitas y el deseo de ser parte activa de un lugar. Sin esta adrenalina, la ciudad pierde energía, foco y competitividad.

En Canelones, los desafíos urbanos continúan creciendo, exigiendo respuestas articuladas desde todos los niveles de gestión. Pensar el turismo no solo como motor económico, sino como política transversal de integración territorial, sostenibilidad y fortalecimiento identitario, es clave para consolidar un modelo de desarrollo que beneficie tanto a residentes como a visitantes. En este marco, el Plan Estratégico de Turismo para Canelones 2024/2025 propone una hoja de ruta ambiciosa y necesaria, basada en tres ejes sinérgicos: el turismo rural y patrimonial en el oeste, el desarrollo costero sostenible y la valorización agroalimentaria y enoturística. Estas líneas se complementan con objetivos claros como la profesionalización del sector, la diversificación de la oferta, la mejora de la infraestructura y el uso inteligente de la información turística.

Destaca, además, el papel proactivo de la Asociación Turística de Canelones, que impulsa iniciativas concretas, articula con el gobierno departamental y el Ministerio de Turismo, y se ha consolidado como un actor clave en la dinamización del sector. Su compromiso con el desarrollo sostenible, la identidad local y la construcción de alianzas público-privadas ha sido fundamental para generar sinergias que fortalecen al destino y amplían su proyección nacional e internacional.

Ante este panorama, es fundamental que el Plan Estratégico de Turismo de Canelones incluya medidas claras en materia de equidad urbana. Algunas propuestas ya contenidas en el documento «Ideas Estratégicas 2024/2025» fortalecen esa visión:

  • La creación de productos turísticos diferenciados y sostenibles que integren comunidades locales.
  • El desarrollo de ejes costeros, rurales y agroalimentarios con fuerte anclaje cultural y social.
  • La continuidad de un Observatorio Turístico con participación académica y ciudadana.
  • La inversión en infraestructura verde, transporte eléctrico y saneamiento integral.
  • La articulación con actores públicos y privados para garantizar coherencia en las políticas.

Estas líneas no sólo aumentan la competitividad del destino, sino que refuerzan su cohesión territorial. Las ciudades que apuestan al turismo como política pública —y no solo como industria promocional— logran proyectarse con fuerza, atraer talento, inversión y visitantes conscientes.

Canelones tiene una oportunidad única: transformar su riqueza cultural, natural y agroalimentaria en un modelo turístico de nueva generación. Eso implica pasar de un marketing de ciudades estético, a uno ético y estratégico. Un marketing que entienda que no hay narrativa territorial poderosa sin justicia urbana ni desarrollo posible sin inclusión.

Las experiencias de ciudades como Mendoza (con su enoturismo articulado con el desarrollo local), Córdoba (con su apuesta al turismo cultural y universitario), o Bariloche (que combina naturaleza, innovación y formación técnica), muestran que es posible crecer atrayendo turistas sin perder identidad ni expulsar a las comunidades que dieron vida a esos lugares. También lo demuestran Colonia del Sacramento, que ha logrado posicionarse internacionalmente como destino patrimonial y boutique, y Punta del Este, que ha sabido consolidar una marca global con fuerte dinamismo inmobiliario, aunque enfrentando el desafío de mantener equilibrio territorial. A nivel internacional, ejemplos como San Sebastián en España o Quebec en Canadá son referencia de cómo articular identidad local, gobernanza inteligente y turismo sostenible en ciudades intermedias.

Hoy, más que nunca, Canelones debe consolidar su relato como destino vivo, diverso y sostenible. Y eso se logra con planificación, participación y una narrativa coherente que invite a quedarse, a invertir y a sentirse parte.

A quienes aspiran a gobernar en los próximos años alguno de los 30 municipios de Canelones, esta es una invitación abierta: incluyan al turismo en el centro de sus programas. Escuchen a quienes trabajan todos los días por el desarrollo local, recorran el territorio, dialoguen con emprendedores, y comprendan que detrás de cada visitante que llega, hay una oportunidad concreta de inclusión, identidad y progreso para su comunidad.

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