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La ATC impulsa el turismo rural en Canelones con un encuentro estratégico en el Santoral

Sentando los pilares del plan estratégico con propósito y visibilidad

En el interior profundo de Canelones, donde el paisaje rural aún conserva el ritmo de las estaciones y el valor de lo hecho a mano, se celebró una instancia que reafirma que el turismo puede ser mucho más que ocio: puede ser construcción colectiva, identidad y desarrollo territorial.

La chacra “Los Pilares”, en Santa Rosa, fue mucho más que sede de un nuevo encuentro promovido por la Asociación Turística de Canelones (ATC): fue una metáfora perfecta del propio rol de la asociación. Así como el emprendimiento se sostiene sobre pilares de sostenibilidad, economía circular y hospitalidad consciente, la ATC también trabaja sobre pilares fundamentales: comunidad, identidad y cooperación. En ese cruce simbólico entre espacio y propósito, se compartieron ideas, miradas y propuestas para proyectar el turismo rural con visión de futuro.
Y como toda buena experiencia, una visita a Los Pilares puede terminar con un atardecer hermoso como el de ayer, visto desde su sala de eventos o una merienda junto a la piscina, en armonía con el paisaje y el ritmo del campo.

Apertura con raíces locales y visión compartida

La jornada comenzó con las palabras del presidente de la ATC, Carlos Tabó, quien destacó la importancia de trabajar desde lo local, integrando a los actores del territorio con visión de largo plazo y bajo un modelo asociativo que permita construir sin dejar a nadie atrás.

La secretaria Soraya Cedrés, por su parte, puso el foco en la mujer rural como pieza clave en los procesos de cambio. “No se trata solo de reconocer su esfuerzo histórico, sino de crear condiciones para que pueda liderar, emprender y recibir apoyo”, afirmó.

Estrategia, territorio y futuro

El núcleo central del encuentro fue la presentación a cargo de Jacobo Malowany, quien detalló los tres grandes ejes del Plan Estratégico de Turismo para Canelones de la ATC:

  1. Turismo rural y patrimonial, que valora la historia, la producción y las costumbres.
  2. Experiencias costeras todo el año, con foco en bienestar, deporte y cultura.
  3. Desarrollo agroalimentario con identidad, donde el enoturismo, la producción orgánica y la gastronomía de cercanía se articulan.

“El turismo no es un catálogo de servicios. Es una herramienta de transformación si logra vincular producción, cultura y comunidad”, expresó Malowany.

Voces del territorio: ideas que nacen del hacer

La segunda parte de la jornada dio lugar a la voz de los emprendimientos, que compartieron ideas concretas y necesidades reales desde su propia experiencia. Desde San Antonio se planteó la posibilidad de crear circuitos culturales nocturnos, que dinamicen el uso del espacio público más allá del horario comercial, fomentando la recreación con identidad local. Los bueyes, la producción y la comida con sabor e identidad fueron los temas de cada emprendedor.

El alcalde de San Bautista, presente en la instancia, compartió la experiencia de la zona en apicultura y productos orgánicos, proponiendo su integración como experiencias turísticas formativas y sensoriales, no solo como productos de venta.

También se discutió cómo generar propuestas familiares y diurnas, como visitas a chacras, cocina con productos del entorno, ferias gastronómicas y talleres participativos, que valoren la experiencia rural como una vivencia enriquecedora.

Cooperación como camino

Participaron también referentes como Fernando Escalante, Ana Gloria y Daniel López, aportando al diálogo con perspectivas de desarrollo cooperativo, inclusión y formación técnica.

La jornada cerró sin estridencias, pero con una certeza compartida: cuando los pilares son sostenibilidad, comunidad y cooperación, el turismo puede ser la semilla de algo mayor.

En Santa Rosa, “Los Pilares” no fue solo un lugar: fue una declaración de intenciones. Un recordatorio de que el desarrollo con identidad es posible cuando se hace desde el territorio y con quienes lo habitan.

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