

Muere el Papa Francisco. Un humanista que optó por los pobres, la paz y la igualdad. Deja un legado inmenso que trasciende las fronteras de la fe: el de un hombre que entendió que la verdadera grandeza reside en el amor al prójimo, en tender la mano al que sufre, en abrir puertas allí donde otros construyen muros.

Para los católicos, su partida representa la pérdida de un pastor cercano y valiente. Para quienes no lo son, se va un referente moral que supo hablarle al mundo sin dogmas ni barreras, con una humanidad desbordante que conmovió hasta a los más escépticos.
Francisco fue muchas cosas: el primer papa latinoamericano, el primer jesuita, el que llegó al Vaticano hablando italiano con acento porteño. El hincha de San Lorenzo que no dejó de ser Bergoglio, el hijo de inmigrantes que caminaba por las calles de Buenos Aires antes de recorrer los pasillos de Roma. Anécdotas que pintan su perfil más cercano, más real, más nuestro.
Personalmente, la figura del Papa Francisco me toca de forma profunda y entrañable, especialmente por una historia cercana que me atravesó como comunicador y como ser humano. Fue él quien ofició el matrimonio de una querida colega, la periodista Noelia Franco, y su esposo Omar Caballero, en una audiencia privada en El Vaticano. Noelia, reconocida en el ámbito de prensa y comunicación en Uruguay, compartió cómo el vínculo con Francisco nació a partir de un momento crítico: su hija menor, Sara, contrajo un virus severo con apenas 27 días de vida y debió ser internada en CTI. En medio de la incertidumbre, recibió agua bendita por el Papa. “Cuando le pusimos las gotitas, el efecto fue inmediato. Sin desmerecer el trabajo de los médicos, pero ese día Sara entró en la curva de recuperación”, contó.
Movidos por esa experiencia que vivieron como un milagro, la familia viajó por segunda vez al Vaticano para agradecerle. Lo que parecía un gesto de gratitud se transformó en algo mucho más grande: Francisco, emocionado por la historia, decidió casarlos allí mismo. Así, Noelia y Omar se convirtieron en los primeros uruguayos en recibir el sacramento del matrimonio de manos de un Papa. “Yo le conté que nos habíamos casado solo por civil porque no teníamos un mango. Y surgió de él la idea de casarnos allí mismo. Fue muy emocionante”, recordó Noelia.
El Papa los recibió a solas, en un encuentro distendido y cálido, donde no faltaron bromas rioplatenses ni gestos de afecto. El vínculo continuó, incluso a través del agua bendita que Noelia trajo en sucesivas visitas y que, según relata, ha sido parte de otras historias de fe y recuperación dentro del ambiente periodístico. “Una periodista quedó embarazada tras varios intentos, una productora superó un cáncer, una hija de un colega se recuperó de una enfermedad grave. Es creer o reventar”, dijo.
Hoy, Noelia escribió con emoción: “Aún no sabemos por qué lo hiciste ni por qué elegiste nuestra familia. Solo sabemos que toda nuestra vida contaremos tu historia: la del Papa que habla en tu idioma, que te abraza, protege y bendice.” Ese gesto, sencillo y extraordinario a la vez, confirma que el pontificado de Francisco fue, ante todo, un testimonio de cercanía, ternura y humanidad que atravesó todas las fronteras.
Francisco supo mirar de frente al dolor del mundo. Habló de los migrantes, de la crisis climática, de la necesidad urgente de un cambio en la economía global. Y lo hizo sin perder la sonrisa, sin levantar la voz, con la convicción de quien cree en la fuerza silenciosa del ejemplo.
Hoy se apaga una voz que nos hablaba al oído con dulzura y coraje. Pero su eco quedará entre nosotros, como una brújula que apunta siempre hacia la compasión, la justicia y la esperanza.
Descanse en paz.
https://twitter.com/noelia_franco/status/1914266862101189021